Las personas sordas conforman una población muy heterogénea. Según la Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia-EDAD (INE, 2008), en España hay 1.064.000 personas, mayores de 6 años, con discapacidad auditiva, de distinto tipo y grado. Según la encuesta citada, de ellas, 13.300 personas comunican en lengua de signos. Por tanto, más del 97% de la población con discapacidad auditiva, en España, comunica en lengua oral y, en su mayoría, son usuarios de prótesis auditivas.
En la actualidad, gracias al diagnóstico precoz de la sordera y a todos los avances actuales (legislativos, sanitarios, tecnológicos, sociales…), las nuevas generaciones de personas sordas se encuentran preparadas para vivir de manera autónoma e independiente.
Sin embargo, hay situaciones cotidianas de interacción con el entorno que no están exentas de dificultades, ni de barreras en el acceso a la información y a la comunicación.
Accesibilidad, un derecho de todos los ciudadanos
Hay ocasiones en los que el término accesibilidad se asocia con situaciones de mayor confort (imaginemos cómo una persona oyente, en un ámbito ruidoso, se puede beneficiar de los subtítulos). Para algunas personas la accesibilidad puede suponer una “mejora” o “bienestar”, sin embargo, para muchas otras significa “posibilidad”. La accesibilidad es una condición sin la cual muchos ciudadanos no podrían llevar una vida normalizada y autónoma como miembros activos de la sociedad en la que viven.
Por otra parte, más allá de la mejora de la calidad de vida, la accesibilidad es un derecho recogido en nuestro marco normativo e internacional relacionado con las personas con discapacidad (convención de la ONU sobre los derechos de las personas con discapacidad -2008-; ley general de derechos de las personas con discapacidad y de su inclusión social-2013-; Ley por la que se reconocen las lenguas de signos españolas y se regulan los medios de apoyo a la comunicación oral -2007- …)
Respuesta a las necesidades de las personas sordas
En un entorno de invisibles barreras de acceso a la información y comunicación las nuevas generaciones de personas sordas y sus familias reclaman una respuesta a sus necesidades y demandas emergentes.
La primera de ellas es el precio de las prótesis auditivas. Los audífonos, tratamiento básico de la sordera, deben ser abordados como prestación del Sistema Nacional de Salud, sin ningún tipo de discriminación para toda persona sorda a la que le hayan sido prescritos por un médico otorrino. Sin embargo, en la actualidad, la financiación de audífonos sólo cubre hasta los 16 años de edad.
En el ámbito educativo, hay que seguir avanzando en la educación inclusiva y de calidad a lo largo de todas las etapas formativas y poner al alcance de todo el alumnado las tecnologías de apoyo y los recursos destinados a la habilitación y rehabilitación.
Las personas sordas, usuarias de prótesis auditivas, tienen barreras a la hora de poder disfrutar de actividades culturales (teatro, museos…), también se encuentran en desigualdad de condiciones respecto al resto de ciudadanos cuando, en una situación de emergencia, no pueden acceder al 112 fuera de su Comunidad de residencia o, simplemente, cuando han de realizar una gestión ante una ventanilla de atención al público y este espacio no está provisto de accesibilidad auditiva.
Una accesibilidad insuficiente
Con relación a la accesibilidad audiovisual, a pesar de que se ha avanzado mucho, ésta sigue siendo insuficiente; es un largo camino en el que van apareciendo nuevas necesidades. Las televisiones de cobertura estatal (públicas y privadas) y las autonómicas tienen obligación, desde 2010, de hacer accesibles sus contenidos (un porcentaje de programación subtitulada y un número de horas semanales en emisión en lengua de signos). Sin embargo, la publicidad comercial, los canales de pago y los operadores locales no están obligados. Hoy la televisión se consume de manera diferente y los contenidos audiovisuales se suelen visualizar bajo demanda por lo que, también, se deberían mantener las obligaciones en su difusión a través de Internet.
Respecto a la actual Ley del Cine, su normativa de desarrollo sigue ignorando a las personas sordas, al no considerar la accesibilidad audiovisual como un requisito indispensable a la hora de conceder las diferentes subvenciones. Por tanto, la práctica totalidad de la producción y exhibición cinematográfica no es accesible para las personas sordas.
En definitiva, es necesario promover una mayor conciencia social y desarrollar las actuales normativas que regulan la disposición de medidas y la adaptación de los recursos precisos para favorecer la accesibilidad en todos los ámbitos, incluidos los medios de apoyo a la audición y a la comunicación oral (bucles magnéticos en mostradores y espacios públicos, mayor dotación de equipos de FM en el ámbito educativo, piezas audiovisuales y cinematográficas subtituladas…).
No queremos dejar de insistir en que hoy los jóvenes con sordera, gracias a todos los avances antes mencionados y, por supuesto, con su esfuerzo personal, disponen de formación suficiente con buenos resultados en el terreno académico y profesional, son socialmente competentes y se encuentran preparados para vivir de manera autónoma. Son jóvenes que miran al futuro ilusionados por hacer de ésta una sociedad más inclusiva, sin embargo, no disfrutan de igualdad de condiciones ni oportunidades, respecto al resto de la ciudadanía.
Por eso es importante facilitarles los recursos necesarios en todos los aspectos de su vida, incluido el terreno laboral. Apostar por el talento de la discapacidad, en este caso de las personas sordas, ayuda a las personas a desempeñarse laboralmente y a su autorrealización. Si se quiere, es muy sencillo: dar la oportunidad a la persona y adaptarle su puesto de trabajo con los recursos que se han mencionado antes.
Unos recursos que son muy asequibles para cualquier empresa y que tienen un retorno de la inversión muy significativo. Es más, las empresas también ganan, más allá de las subvenciones relativas a la contratación de las personas con discapacidad, las empresas mejoran en competitividad, tolerancia, clima laboral, RSC, etc, lo que repercute en una mejor imagen social de cara a sus grupos de interés.
Por eso, la Confederación Española de Familias de Personas FIAPAS, la mayor plataforma de representación de las familias de personas sordas en España, no ha sido ajena a toda esa evolución señalada. Apuesta por el talento y la capacitación profesional de los jóvenes y el desarrollo de sus habilidades para el acceso y su inclusión en la empresa ordinaria y seguirá trabajando para que se brinden los apoyos necesarios que les permita ser personas autónomas y preparadas para la vida adulta, participando activamente en la vida social y cultural de su entorno.